Terminar un proyecto de diseño en la facultad es una gran satisfacción: entregas, te evalúan y listo. Pero en el mundo real, antes de abrir Illustrator o Figma, hay una pantalla en blanco mucho más desafiante que el lienzo de un software: la hoja del presupuesto.
Para un estudiante o recién graduado, ponerle precio al trabajo propio suele generar un mar de dudas: "¿Si cobro mucho se van a ir con otro?", "¿Si cobro muy poco van a pensar que soy malo?". Presupuestar es una habilidad técnica más, y como tal, se puede aprender.
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